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ELOGIO DE LA LOCURA // La supremacía de un presidente ideólogo de la muerte ajena

Lunes, 13 Julio 2020 07:03

(adnmarcospaz // Fernando Hugo Azcurra // Buenos Aires).-- “La gente se muere” declaró Donald Trump, Presidente de los EE.UU., como si se tratara de un acto reflejo de lo que piensa y siente sobre el resto de la sociedad norteamericana que no pertenece a su exclusiva clase social. En esta nota el profesor Azcurra devela lo que hay detrás de esas palabras supremacistas.

                                Número 5: «Venezuela en la encrucijada. Las elecciones ...Economista, profesor universitario, autor de una veintena de libros sobre economía teórica.

Los dueños de la economía y las finanzas, junto con la necedad por ellos inducida a gente común desprevenida que los convierte en fanáticos exaltados, han tomado partido en pro de la pandemia del covid.19.

                                                                                            An All-Seeing Donald Trump Zoltar Machine Is Telling America's ...No se trata de “economía o cuarentena”, cuya falsedad es evidente, sino de vida o muerte; y aun si se aceptara aquella contraposición insostenible, lo primero que cabría reflexionar sería que, para evitar una mayor caída y catástrofe económica, lo racional y adecuado sería proteger y cuidar el factor de producción más importante y decisivo de la economía: la población trabajadora, ya que es ésta la que sostiene cualquier sociedad y su pervivencia.

Aquella supuesta contradicción, en rigor, lo que oculta al decir de sus gurúes de que se debe mantener a toda costa la economía por encima de los protocolos sanitarios, pues la persistencia en ellos es aumentar la pobreza, el desempleo y agravar la crisis, es el interés de que no disminuyan las ganancias y los negocios del capital; de modo que en el fondo el punto que defienden con argucias es que lo importante son sus ganancias no las vidas de quienes las generan.

Eso y no otra es la raíz del discurso de los Trump y Bolsonaro, también de las primeras manifestaciones de Johnson. Para estos jinetes de la muerte (no la de ellos claro está) el capital y los beneficios tienen más importancia que la salud y la vida de los trabajadores: la máquina de la riqueza debe seguir funcionando para seguir acumulando y concentrando lo que ellos no producen pero sí se apropian con el “sudor de las frentes ajenas” nunca la de ellos; nada de seguir al Génesis en este asunto, ¡nada de cristianismo!

Desde estas sus posiciones “desprenden” otras falsedades: la lucha contra la pandemia apelando al aislamiento y la cuarentena cercena libertades civiles, atenta contra las instituciones democráticas y la Constitución, permite arbitrariedades dictatoriales en los gobernantes dominados por infectólogos, epidemiólogos, médicos, sanitaristas, etc. quienes poco y nada tiene para decir puesto que desconocen el origen del virus sus propiedades letales y su posible cura. Así los capitalistas enhebran afirmaciones tremendistas desviando la atención de lo principal: el combate contra la pandemia cuidando lo que más valor (incalculable) tiene para cualquier individuo: ¡la vida!

Esta apuesta por los negocios y las rentas a cualquier costo, tiene además otro ingrediente que los interesados hábilmente no muestran pero que los define: hay miles de millones de trabajadores, no habrán de morir tantos, siempre habrá trabajadores aun cuando mueran muchos; a pesar de la mortandad siempre habrá colas para ofrecerse para un puesto vacante, siempre se cumplirá el precepto bíblico: “muchos serán los llamados pero pocos los escogidos”.

Esto es lo mismo que reivindicar las atrocidades y desvergüenza del pastor Thomas R. Malthus quien pretendió explicar la necesidad de un equilibrio entre la población y los medios de subsistencia por medio de guerras, catástrofes naturales, enfermedades y ¡epidemias! Opiniones, no teorías, que algunos economistas ortodoxos vulgares del siglo XIX quisieron presentar como “teoría de la población”. Así, en consecuencia, afloran en esos defensores un anticuado y desprestigiado maltusianismo sin que ellos, por supuesto, tengan idea de este hecho porque son personas extremadamente ignorantes.

¿Por qué preocuparse tanto con protocolos y restricciones incómodos y complicados para el funcionamiento económico de los mercados? si finalmente “la gente se muere”. Sí, la gente muere, pero no es lo mismo que la maten, que eso es lo que hacen los pro-pandemia: no son dirigentes, no son políticos, no son empresarios, no son líderes, son ¡asesinos! ¿No es esto acaso un “elogio de la locura… criminal”.

El Día

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